T-62: el tanque soviético que sigue en guerra 60 años después
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Hay tanques que se retiran con honores a un museo y tanques que, décadas después de dejar de fabricarse, siguen apareciendo en primera línea de combate. El T-62 soviético pertenece claramente al segundo grupo. Diseñado a finales de los años 50 y entrado en servicio en 1961, este blindado fue en su día una pequeña revolución técnica — y, para sorpresa de muchos, en 2022 volvió a las noticias porque Rusia lo sacó de sus almacenes para enviarlo al frente en Ucrania. Pocos vehículos militares pueden presumir de una carrera operativa tan larga.
El primer tanque del mundo con cañón liso
El T-62 nació como evolución directa del T-55, del que hereda buena parte del chasis y la mecánica. Pero su gran salto técnico estaba en la torreta: fue el primer tanque de producción en serie del mundo equipado con un cañón de ánima lisa, el U-5TS de 115 mm. A diferencia de los cañones estriados tradicionales, un ánima lisa permite disparar proyectiles flecha estabilizados por aletas (APFSDS) a velocidades mucho mayores, con una capacidad de perforación que dejaba anticuada a buena parte de la artillería anticarro occidental de la época.
Ese cañón convirtió al T-62 en el blindado más potente del mundo en el momento de su introducción — al menos sobre el papel. En la práctica, el precio de esa potencia de fuego fue una cadencia de tiro más lenta y una tripulación que tenía que lidiar con una de las particularidades más curiosas — y más temidas — del vehículo.
El tanque que expulsaba el casquillo él solo
El T-62 incorporaba un sistema de expulsión automática del casquillo: tras cada disparo, una trampilla en la parte trasera de la torreta se abría automáticamente para expulsar la vaina del proyectil hacia el exterior, evitando que el interior del carro se llenara de humo y gases tóxicos. Sobre el papel, una solución ingeniosa. En la práctica, generaba un problema real: si el cargador no retiraba la mano o algún objeto a tiempo de la zona de expulsión, el mecanismo podía atraparlo o golpearlo con fuerza. No es casualidad que, entre las tripulaciones que lo manejaron, el T-62 se ganara fama de exigir mucha disciplina dentro del carro.
Otra curiosidad poco conocida: al no llevar autocargador —esa tecnología llegaría después, con el T-64 y el T-72—, el T-62 seguía dependiendo de un cargador humano, lo que limitaba su cadencia de tiro a unos pocos disparos por minuto. Un cañón revolucionario, sí, pero servido con una tripulación de cuatro personas trabajando al límite.
Un tanque exportado a medio mundo
Pocos vehículos soviéticos de la Guerra Fría tuvieron una difusión tan amplia. Más de 20 países operaron el T-62 en algún momento: Egipto, Siria, Irak, Irán, Cuba, Vietnam, Angola, Etiopía, Argelia y Corea del Norte, entre otros. Esa distribución masiva lo llevó a protagonizar algunos de los conflictos más intensos de la segunda mitad del siglo XX.
En la Guerra de Yom Kippur de 1973, los T-62 egipcios y sirios se enfrentaron a los Centurion y M60 israelíes, con resultados desiguales — la falta de experiencia de algunas tripulaciones y esa cadencia de tiro limitada jugaron en su contra frente a carros occidentales más rápidos de recargar. Durante la guerra de Irán-Irak de los 80, ambos bandos llegaron a operar T-62, a veces incluso enfrentándose entre sí con el mismo modelo de tanque. Y en la guerra soviético-afgana (1979-1989), el T-62 tuvo que adaptarse a un terreno montañoso hostil, muy vulnerable a minas y a los ataques con RPG de los muyahidines, lo que obligó a desarrollar variantes con blindaje adicional y protección reforzada en los bajos.
De la Guerra Fría a Ucrania, sin retirarse del todo
Lo más sorprendente del T-62 es que su historia no terminó con la caída de la URSS. Actualizado a lo largo de los años en variantes como el T-62M —con mejoras en el sistema de control de tiro y blindaje reactivo explosivo (ERA) añadido sobre el casco y la torreta—, el tanque siguió en servicio en reservas y unidades de segunda línea de varios ejércitos durante décadas.
En 2022, con la invasión rusa de Ucrania consumiendo blindados a un ritmo muy superior al previsto, Rusia empezó a sacar unidades de T-62 de sus depósitos de almacenamiento estratégico para enviarlas al frente, en algunos casos con blindaje improvisado tipo "jaula" añadido sobre la torreta como protección frente a drones y proyectiles anticarro guiados. Un tanque diseñado en la era de Kruschev, todavía disparando más de sesenta años después — probablemente el ejemplo más claro de cuánto puede alargarse la vida operativa de un blindado bien construido cuando la necesidad aprieta.
Por qué es un proyecto interesante para el modelista
Más allá de la anécdota histórica, el T-62 es un vehículo agradecido para maquetistas: su silueta comparte ADN con el T-55 y el T-34, así que si ya tienes experiencia con blindados soviéticos el montaje te resultará familiar, pero la torreta y el cañón de mayor calibre le dan personalidad propia. Y en cuanto al acabado, ofrece dos caminos muy distintos según la época que quieras representar: un T-62 clásico de los 60-70 en verde ruso uniforme, ideal para trabajar camuflaje y desgaste de combate al estilo de nuestros proyectos del T-34, o una variante moderna T-62M con bloques de blindaje reactivo, blindaje de jaula y desconchones sobre superficies mucho más heterogéneas — un ejercicio de weathering completamente distinto.
Para cualquiera de los dos enfoques, el punto de partida sigue siendo el mismo: una buena base de aerógrafo de precisión como el Gaahleri GHPM-Mobius 0.2mm para controlar bien la aplicación del verde base, y un buen set de pinceles finos como el kit de 30 piezas Nicpro para todo el trabajo posterior de detalle, lavados y tornillería.
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